sábado, 11 de abril de 2015

Musa Décima

Prescindir quisiera el aprecio con que la miro, de la veneración con las que sus obras granjea, pues manifestar al mundo cuánto es lo que atesora su capacidad en la Enciclopedia y universalidad de sus letras, para que se supiera el que en un solo individuo goza México lo que en los siglos anteriores repartieron las Gracias a cuantas doctas mujeres son el asombro venerable de la historia.

Así elogia don Carlos de Sigüenza y Góngora a Sor Juana en Neptuno no es fingido dios de la gentilidad, sino hijo de Misraím, nieto de Cham, bisnieto de Noé y progenitor de los indios occidentales.* Feo título. Pero es lo de menos, al final. Queda patente, una vez más, la admiración que Sor Juana creó en su siglo y que hoy persiste con apasionante fuerza. Posiblemente México no ha dado ingenio más luminoso en el ámbito de la literatura aunque sabemos de lo frágil que es comparar ingenios ya no de distintas épocas, sino de distintos intereses.


Nació Juana de Asbaje y Ramírez de Santillana un 12 de noviembre de 1651 en San Miguel Nepantla, Estado de México, y murió un 17 de abril de 1695 en el Convento de San Jerónimo, Ciudad de México donde hoy está la Universidad del Claustro de Sor Juana. Su biografía, extensamente difundida, no contaré aquí. Sin embargo, quizá sea mucho mejor repetir lo ya dicho que volver a elogiar a quien, al final de sus días, se decía "la peor de todas": una mentira obligada; en sus últimos años, Sor Juana, reprendida por la implacable autoridad eclesiástica, abandona los estudios en su celda del convento y vende sus preciados libros y objetos científicos. Es lo que varios autores consideran como la estocada final que Fernández de Santa Cruz, arzobispo de Puebla y Aguiar y Seixas, arzobispo de la Ciudad de México, planearon para poner en cintura a la monja que escribía versos profanos y que era la favorita de virreyes y mundo intelectual español y novohispano.

Envidia. Aguiar y Seixas pasará a la historia como uno de los más grandes misóginos que haya dado el planeta. De él dice Carlos Elizondo: "Odiaba verdaderamente a las mujeres, odiaba a las comedias y, pobre Sor Juana: era mujer, escribía comedias y era monja. Aguiar odiaba las corridas de toros [...] odiaba las peleas de gallos y mandaba comprar todos los boletos cuando iba a haber alguna, para que nadie pudiera asistir. Odiaba todo."** Enfoca su odio a la monja por su talento, su fama, su luz. Había que ponerla en cintura.


El arzopisbo Aguiar y Seixas

Conjeturas, no más. La verdad literaria nos dice solamente que, a petición de Fernández de Santa Cruz (?), Sor Juana escribe una opinión a un sermón muy famoso del arzobispo de Lisboa, Antonio Vieyra, dicho un Viernes Santo entre 1642 y 1652. Cuarenta años atrás. El impacto fue de una magnitud equiparable a la que hubiese si el comentario se hubiese hecho al día siguiente: Sor Juana, con una lógica implacable, destroza la tesis de Vieyra mostrando las contradicciones que crea con la misma Biblia. Eso sí, respetando la figura del portugués. Elegancia, ante todo.

La refutación fue publicada bajo el nombre de Carta Athenagórica. A Sor Juana le llegó con una carta firmada de Fernández de Santa Cruz bajo el seudónimo de una mujer: Sor Filotea de Cruz. En ella, reprendía cariñosamente a Sor Juana de su excesivo interés por las cuestiones mundanas y le pedía que dejase de sabe tanto. La cosa era seria: se insinuaba que la poetisa podría tener problemas con la Inquisición. La Décima Musa escribe su última obra, la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz.

La Respuesta es quizá el primer tratado feminista del que se tenga registro en México. Sor Juana, acorralada por esa amenaza, decide entregar las armas con una heroica defensa de los derechos de la mujer, usando ejemplos clásicos tanto paganos como de la cristiandad. Admite que entra al convento por ser la única de sus opciones, advierte que nunca morirá en ella el interés de aprender y que solo deja ese estilo de vida por pedírselo otros: la sombra de una reprimenda mayor, la del Santo Oficio.

Cuatro años después, el 17 de abril de 1695, víctima de una peste (aún no identificada por los historiadores) contiagada por auxiliar a sus compañeras. Algunos estudiosos piensan que simplemente se dejó morir. Sor Juana dice en la Repuesta que ella creía que el hacer versos era "natural para todas las personas". Al quitarle sus libros, sus ciencias, la tinta y el papel, le quitaban todo. La Respuesta no tuvo contestación. Quizá no hacía falta: habían vencido.

Margarita Peña escribe:

Su vida fue una lucha entre la humildad forzada por su estado y el orgullo inevitable determinado por la superioridad intelectual, batalla relacionada con otra más profunda: amor al conocimiento, la especulación intelectual, las letras, más que a Dios, aunque a esto último la obligara su condición de religiosa.***

Quizá sí. Quizá no. A mí me gusta pensar que una de las formas que ella prefería para amar a Dios era, precisamente, la poesía. Y hoy amamos a la "Fénix de América" gracias a ello.


Juana de Asbaje y Ramírez de Santillana


*Garrido, Felipe. "Dar luz a luces celestiales". Memoria del Coloquio Internacional Sor Juana Inés de la Cruz y el pensamiento novohipano, 1995. Toluca, México: Instituto Mexiquense de Cultura, 1995. pp. 117-118.
**Elizondo Alcaraz, Carlos. "La discutida 'conversión' de Sor Juana". Ibid. p. 85.
***Peña, Margarita. "Sor Juana Inés de la Cruz, ¿monja atípica o monja singular?". Prodigios Novohispanos. Ensayos sobre la literatura de la Colonia. México: El Estudio-UNAM, 2005. p. 181

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